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El arte

no es otra cosa que transmitir a la caravana de la vida lo que hemos conocido mientras vivíamos

Mataporquera

Mataporquera

Deseaba que no ocurriera. Puse toda la energía en la mente para que no sucediera lo que temía. Traté de visualizar el local con gente dentro, una o dos docenas, al menos. Era posible que alguien nos acompañara en Mataporquera. Dimos nuestro primer concierto en el año 96 con la formación de"Vértigo, Vacío y Kaos"; Viero, Isi y Pumba; bajo, guitarra y batería, en el Bar Makoki. En Mataporquera dimos también uno de los más memorables conciertos de Los sobrinos de Botín, en la terraza del Trenti un año después, dónde las guitarras sonaron como nunca acompañadas por el órgano de Mario, exteclista del legendario grupo de rock cántabro Ibio.
Teníamos amigos y conocidos. Y una esperanza frustrada. Como el libro, je,je! No vino nadie. Los ocho grados bajo cero y la sala sin calefacción fueron determinantes. Acaso no se publicitó lo suficiente. El boca a boca en estos casos parece ser decisivo. Acaso no éramos una banda de rock tocando en pleno verano.
Pero no perdimos la ilusión ni el sentido del humor, y aprovechamos para ensayar. Tampoco dejamos escapar a la posible audiencia: los dos gitanos que se asomaron a la sala. Les propusimos que se quedaran allí aguantando el frío y un rollo que les resbalaba del todo, a cambio de unos calimotxos en el bar de al lado. Aceptaron sin dudarlo un segundo.
Y, al final, los premios. Dos colegas más, que se incorporaron al debate en plena charla sobre la Generación Beat. Un ambiente próximo e interesado. Cabezas inclinadas lateralmente cuarentaicinco grados y apoyadas en la mano. Ojos abiertos. Oidos prestos. Cuellos estirados hacia delante. Barbillas agarradas por índice y pulgar. Troncos retorcidos del frío. Al final nos fuimos a una jam, después de casi una hora de actuación. Todos temblábamos. El amplificador se estropeó debido a la temperatura bajo cero. Y nos fuimos fríos pero felices, porque ni el vacío, ni la helada habían sido capaces de paralizarnos.

Brindo

por todo lo imposible e inalcanzable, por la belleza de lo prohibido. Porque lo legal sea justicia, lo inmoral pura delicia. Porque entre las masas surja un pueblo que haga fácil lo infinito.